Disipas la niebla, ahuyentas mi dolor eterno. Mi frágil y amado humano, ahogas mi inmortalidad.
Tan solo fue un momento, breve, pero mi adoración por ti es infinita, inagotable.
No me abandones a mi suerte, no te alejes. Tu existencia me desfallece, al vivir me condenas. Estos sentimientos inevitables me debilitan, pero este agotamiento es lo más hermoso que he sentido en toda mi vida.
No dejes de mirarme aún si es cierto que no puedes amarme. Sálvame tú ésta vez.
Protegeré tu alma hasta el fin de los tiempos.
Y cuando cierres tus ojos solo sombra seré, por siempre velando tu sueño, por ti he muerto, muero y moriré.
Frío y gélido, pero siempre tan dulce y peculiar. Ahora derrites la personalidad que creaste para mí.
Tan sólo puedo mirar como la persona que robo mi corazón una vez se desvanece incontrolablemente.
Y cada vez te alejas más, más y más diferente.
Me empeño en buscar en tus ojos cristalinos algún resquicio de aquel que me impedía pensar, pues solo en él pensaba.
Cada vez menos exquisito, pasas a ser uno más, helado y rígido. Ya no te encuentro ni cuando me hablas ni cuando te miro.
¿Qué ha sido de ti?
Parece tan denso y tan verídico tu nuevo antifaz, que mis esperanzas vuelan difuminadas, perdidas sin sentido. No hay nada que esperar, nada que exista para ello.
Al anochecer, a la luz de las velas, a través de mi copa de vino te ví reflejado. Observé tu rostro en el cristal. Seguías siendo el mismo necio y amargado que sucumbe a los vicios y a las tentaciones. Eras el mismo de ayer y el de mañana. ¿Nunca cambiarás, verdad? Aunque poco a poco vayas quedándote solo, continuarás cometiendo los mismos errores. Esa es tu forma de vida y no pretendo cambiarla, solo te acompaño en tu desorientado viaje por tierras sinuosas que desconoces por completo. Hagas lo que hagas, pienses lo que pienses, lo acepto. Elegí querer a un alma libre y siempre lo serás.
Cuando todo es gris,languideces esperando el mínimo atisbo de color. Pero cuando al fin alguien lo tiñe dearcoiris, echas de menos la oscuridad. Es entonces cuando debes escoger. ¿Prefieres vivir sufriendo mientras te impregnas de tan agoviante colorido, o morir lentamente empalideciendo hasta quedar desteñida para siempre?
Mi mundo es gris, más bien negro, y no solo porque odie que todo sea extremadamente perfecto, sino porque simplemente encaja más con mi personalidad. Mi percepción de la perfección, probablemente, no sea la misma que la tuya, pero tú al igual que yo eres quien toma tus propias decisiones. Puedes decidir deque color pintar tumundo.
Cuando nuestras almas se alzan firmes, en silencio, frente a frente, cada vez más cerca, hasta que arden nuestras alas extendidas y se abrasa cada rincón de su curva,
¿qúe mal amargo puede el mundo causarnos si nos tenemos el uno al otro?
Devoremos nuestro paso por la tierra, amada mía.
Huyamos del capricho cruel de los hombres que arrincona a los espíritus puros.
Inventémos juntos un lugar lleno de luz, donde resistir erguidos, donde amarnos siquiera por un día, aun si acechan nuestra oscura última hora.
Acéptalo, tan solo fuiste su juguete, su muñeca. Y como todos, acaban por aburrir, dejan de ser interesantes. Acaban en el rincón, al fondo del estante, en la sucia caja de cartón.
¿Duele, verdad? Duele esperar que vuelva a recogerte... duele tener esa esperanza.
¿Es insoportable, cierto? Ver que te está sustituyendo por otra nueva.
Que poco a poco te va ignorando. Que poco a poco la muñequita nueva lo distrae, más y más. Tu rincón va oscureciendo mientras observas, resignada.
¿Para qué llorar? No me oirá, la voz de la muñequita es lo único que escucha.
¿Para qué intentar llamar su atención? No me verá, la muñequita es a lo único que mira.
Todo es inútil... todo. Antigua, desfasada y pasada. Usada...
Mejor quedarse tendida sobre el suelo a esperar a que alguien me pise y me aplaste. A esperar que me destroce por fuera, pues ya lo estoy por dentro.
Y así, al fin... dejaré de llorar en silencio, me sentiré aliviada. Vieja y muerta, la eterna enamorada.
Granos del desierto, reunidos en el viento, una rosa en el yermo...
Recluída en el páramo infinito, desamparada, severamente diezmada por el tiempo y la soledad. Ya ni siquiera puede llorar.
Condenada a secarse lentamente, resquebrajándose dolorosamente hasta convertirse en polvo. Polvo y nada más.
Finos corpúsculos vegetales de la rosa del desierto, vagan desperdigados a merced de la ventisca.
No existía una razón justa para su castigo. Solo la envidia...
la amarga envidia de los alados divinos que no soportan su belleza. Y la riegan con gotas ácidas que la queman y no sacian su sed. La torturan, cegados por la rabia. Pero no se dan cuenta de que aunque la destruyan, no acabaran con el hecho de que ella sigue siendo más hermosa.