Cuando nuestras almas se alzan firmes, en silencio, frente a frente, cada vez más cerca, hasta que arden nuestras alas extendidas y se abrasa cada rincón de su curva,
¿qúe mal amargo puede el mundo causarnos si nos tenemos el uno al otro?
Devoremos nuestro paso por la tierra, amada mía.
Huyamos del capricho cruel de los hombres que arrincona a los espíritus puros.
Inventémos juntos un lugar lleno de luz, donde resistir erguidos, donde amarnos siquiera por un día, aun si acechan nuestra oscura última hora.






