Esperé porque creí que tenía algo que esperar de ti.
Condenaste a mis ojos a mirarte por siempre.
Prometiste a mis oídos que algún día escucharían tu voz.
Castigaste a mi piel a arder desesperada, esperarando tocarte algún día, mientras mis labios anhelaban tus besos.
Pero ahora sé que todo fue un cuento cruel, un juego para ti.
Te divierte enredar a las personas entre tus astillados brazos, envenenados por la más amarga falsedad. Atraídas por una realidad ficticia.
Pero al fin te descubrí, farsante. No volverás a engañarme.
Esperaré de nuevo, porque ahora si tengo algo que esperar.
Aguardaré a que te ahogues en tu propio embuste, más denso y oscuro por el paso del tiempo.
Las mentiras que uno crea son más persistentes cuanto más se mantienen.
Te irás al fondo con ellas, ya no eres dueño de ellas, ya es demasiado tarde para echarse atrás.




